
Hace ya una semana que subimos al Convento. El calor fue la tónica dominante, lo que posibilitó que la gente disfrutase de lo lindo.
El viernes dimos la tradicional ronda amenizada por la banda de Leiva (que se reúne una vez al año) y degustamos el chicharrillo y el clarete que se iba a subir a San Vitores. Los entendidos alegaron que tenia grado. Peligro.
Por supuesto, esa noche de víspera fue larga y alguno casi se subió al remolque directo de la bodega.
La rogativa mañanera contó con la mayoría de la gente mayor que no iba a subir de romería. En el camino desde la iglesia hasta la Posada fuimos desgranando la letanía del Ora Pronobis (vuelve el latín) y esas impactantes frases de "líbranos Señor de la fornicación" que dichas por el párroco a través del megáfono atronaron en nuestras conciencias: ¡Pecador! La verdad es que San Vitores es una fiesta de megáfono (será porque pasamos por Fresno y también nos estamos quedando
tenientes): por la mañana la rogativa se realiza con ese altavoz de características sindicales (por algo era víspera del 1 de mayo) y por la tarde llega Makoki con sus canciones de ayer y de hoy amplificadas por el megáfono: "tirate de la moto
"
Subieron tres tractores con toda la juventud y algún
cesto suelto. En el Convento nos esperaban unas sabrosísimas sopas de chorizo que
Goza Adriá y
Jose Mari Arzak nos prepararon. A continuación el pozo de las legañas fue el destino de los romeros y el bar el de los Barricada (no salieron en todo el día de San Vitore's Pub).
Al mediodía tuvo lugar la misa y la procesión. Este es el momento cumbre para el forastero que sube por primera vez. Normalmente le pilla en las cercanias del bar, de repente ve venir en andas un santo sin cabeza, mira la San Miguel (otro santo) buscando el origen de su alucinación y se siente protagonista de un film de Berlanga; le dice al autóctono "esto se avisa". Es el momento de contarle la historia del santo cerezano.
El vermú se amenizó con conversación y con la preparación de la comida. Muchas paellas. En una de ellas el arroz utilizado fue el que estaba previsto lanzar en la boda de Tochila, pero que alguno de los asistentes al enlace, el pasado octubre, decidió que mejor que en el pórtico de la iglesia de Bañares iba a estar en la cazuela.
Hubo versos a cargo de las Supremas del Mosto (si alguién los tiene por ahí que los pase para publicarlos) y la tradicional corrida de toros. Cuentan las crónicas que flojeó la ganadería del Zulo de Elvis.
Al atardecer bajamos a Fresno y ya anocheciendo llegamos a Leiva. Fue el momento de Makoki, que una vez más puso en danza a todo el pueblo.
Una multitudinaria Salve puso colofón a una jornada llena de alegría y diversión.
Los restos se juntaron, como es habitual, en la bodega de los Jóvenes donde se llegó a la fase de "negación de la evidencia".